EL SERMÓN DE RABADÁN Y MI ABUELA
Cuando era niña, mi abuela siempre me
decía: «Mi apellido es Rabadán; es árabe». Ella, que tiene una piel blanca de
porcelana, cabellos rubios y unos ojos zarcos que desafían al color del cielo
más despejado de un día de verano, desprende unos rasgos celtas difíciles de
pasar por alto. Dudo que mi abuela jamás haya tocado un Corán y, de hecho, usualmente confunde su apellido con el famélico
noveno mes islámico; pero apela a sus
supuestos orígenes con un inocente orgullo que siempre me ha resultado
conmovedor.
Durante algún tiempo, estuve
investigando acerca del apellido que con tanta honra portaba mi abuela, y aún
mi madre y sus hermanas. Mis frustradas pesquisas no llegaron a buen puerto y lo máximo que
logré descubrir, moviéndome entre diccionarios, blogs y algunas páginas web de
dudosa calidad informativa, es que procedía del árabe andalusí rabb adda'n, cuyo significado es 'pastor'. Esto solo confirmaba un origen etimológico que ya suponíamos,
pero no una localización geográfica que nos hablase de dónde nacía dicho
apellido.
Por uno de esos extraños azares de la
vida, en el que las cosas se encuentran cuando menos se buscan, me di de bruces,
rebuscando en un manual de literatura medieval española, con la referencia a
una obra que me llamó especialmente la atención. Se titulaba El sermón de
Rabadán e, instantáneamente, me acordé de mi abuela.
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| Puerta del Agua, Ágreda, con arco de estilo califal cordobés. |
Eyarrímase en copla porque seya más amorosa a los oyentes e ayan placer de escoitarla e obrar por ella, por que alcancen por ella el gualardón que Allah prometió en ella a todos.
La villa de Ágreda se sitúa en la ladera del Moncayo, una montaña que se debate entre Soria y Zaragoza. Su ubicación estratégica entre Aragón y Castilla y León ya hizo que contara con un castro celtibérico y, posteriormente, su enclave volvería a propiciarle a la villa gran florecimiento: primero durante el Imperio romano, y más tarde, y de manera más acuciada, a la llegada de los musulmanes. La huella que dejaron estos allí se comprueba tanto a nivel artístico y monumental -contamos hasta la actualidad con una aljama, la Alcazaba y construcciones de características orientales- como a nivel demográfico. La población musulmana siguió latente hasta ya acabada la Reconquista, en el año 1492 con la toma de Granada. Se estima que los moriscos, aquellos musulmanes obligados a convertirse al cristianismo, configuraban, por poner un ejemplo en tierras norteñas, nada menos que un 20% de la población de Aragón. A pesar de ocultarse bajo el disfraz de una nueva confesión, lo cierto es que la mayoría de los moriscos fueron criptoislámicos, lo que se refleja claramente en manuscritos como el Sermón de Rabadán.
Sería en el año 1610, tras diversos intentos de cristianizar a la población morisca, cuando esta sea definitivamente expulsada de la Península, siguiendo el patrón de 1492 con los judíos. No obstante, muchos moriscos fueron capaces de burlar el edicto y continuaron asimilándose en España. Se marchasen o no, lo cierto es que dejaron un gran legado de documentos y valiosos manuscritos aljamiados perdidos durante mucho tiempo. La aventura que vivió ese personaje que en 1795 halló el Sermón de Rabadán no fue un hecho exclusivo del siglo XVIII: hasta hoy en día, por sorprendente que nos resulte, siguen apareciendo papeles aljamiados en el proceso de rehabilitación de algunas casas viejas: las paredes y los tejados fueron, al parecer, los mejores escondites para aquellos libros cuyo descubrimiento pondría seriamente en duda la fidelidad a su nueva religión y causaría la ira desmedida de una impasible Inquisición.
Lo cierto es que, de manera desoladora, el contenido del Sermón de Rabadán no aportó nueva luz sobre el origen de nuestro apellido, pero al menos me sumergió en el enigmático mundo del legado morisco. Aún así, seguiré investigando acerca de Rabadán, para potenciar, o desinflar, la romántica creencia genealógica que mi abuela me ha infundado desde pequeña.
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| Documento morisco hallado en Zaragoza en 1989, tras el tapial de una casa antigua. |
Lo cierto es que, de manera desoladora, el contenido del Sermón de Rabadán no aportó nueva luz sobre el origen de nuestro apellido, pero al menos me sumergió en el enigmático mundo del legado morisco. Aún así, seguiré investigando acerca de Rabadán, para potenciar, o desinflar, la romántica creencia genealógica que mi abuela me ha infundado desde pequeña.
Incluyo, a colación de la entrada, un vídeo de la Biblioteca Nacional: Memoria de los moriscos. Escritos y relatos de una diáspora cultural, un paseo virtual alrededor de la exposición del mismo nombre que se organizó entre el 18 de junio y el 26 de septiembre de 2010.


Muy muy interesante. Me interesa mucho el manuscrito de Ágreda: podrías dar la signatura y biblioteca en la que se conserva? Y, por otro lado, sabiendo que las copias aljamiadas que se nos conservan son del XVI, cómo se explica que esta sea del XIV?
ResponderEliminarHola, Nuria. Gracias por recordarme lo de la ubicación actual del manuscrito, porque se me había pasado por alto. El manuscrito en el que se encuentra la Aljotba arrimada está en la biblioteca de El Escorial, bajo la signatura Ms. 1880 (ff. 1-16)
EliminarRespecto a lo de la datación, es cierto que los manuscritos aljamiados son característicos del siglo XVI, pero, por las fuentes que he podido consultar, también tenemos testimonios de códices en aljamía anteriores. El Poema de Yúçuf, por ejemplo, que también fue hallado en una casa de Aragón (Calatayud, específicamente), data asimismo del siglo XIV. Fue precisamente este siglo, una época en la que Aragón gozó de un gran esplendor cultural, cuando comenzó la literatura aljamiada.
Fernando Gómez Redondo data la Aljotba, junto con las otras obras del mismo manuscrito, a principios del siglo XIV, mientras que Américo Castro dijo de él que era algo posterior. Lo cierto es que hay bastantes interrogantes acerca de cuándo se escribió la Aljotba. El problema radica, tal y como dice Castro en "España en su historia", es que la lengua puede ser o no del siglo XIV, ya que el problema es que el castellano usado por los moriscos aragoneses era arcaizante, por lo que bien podría ser posterior y aparentar más antiguo. A todo esto se le suma el hecho de que, al estar redactado en aljamía, se nos priva del análisis de la fonética. Lo que si se deja claro, es que la Aljotba parece ser una traducción de un original árabe anterior; una traducción a romance para aquella población morisca que ya había comenzado a olvidar el árabe.
En conclusión, la datación exacta parece ser bastante conflictiva, pero en lo que se está de acuerdo por el momento es que el manuscrito es del siglo XIV.